Es cierto que siempre que tengo oportunidad aprovecho para pintar y, como ya comenté en una entrada anterior, es algo que me he propuesto retomar sí o sí. Por eso, aunque estemos con la atención en otras cosas, hay que estar alerta porque muy a menudo, las oportunidades para hacer algo vienen disfrazadas como si de un carnaval se tratase.
Este año, encontré una de esas oportunidades. Este año, me casé. Una ceremonia, una fiesta y un viaje. De luna de miel, fuimos a Florencia, y el buen humor y la alegría invitaban a pintar. Lejos de mi día a día donde el ordenador es el protagonista, la acuarela, el papel y los pinceles ocuparon varias horas de aquellos días.
En febrero, con un tiempo invernal, tuve todo tipo de luces y colores, así como todo tipo de paisajes. A un día de lluvia, le seguía uno de sol. Plazas abarrotadas de gente y jardines solitarios. Poco a poco, en cada visita, fui haciendo un pequeño cuaderno de viaje
que ha servido para mantener más vivo el recuerdo por encima de
cualquier fotografía.
Ahora, echándole un vistazo después de unos meses, me doy cuenta de que este cuaderno, lleno de pinceladas apresuradas, ha hecho que la pintura vuelva a mi día a día para no dejarla marchar.
sábado, 6 de agosto de 2016
viernes, 8 de julio de 2016
Libros y más libros
En esta entrada, voy a hablar de una parte importante de mi trabajo que es el diseño de catálogos de exposiciones.
En primer lugar, debo decir como amante del arte, me encanta que me lleguen encargos de catálogos de exposiciones. Es un mundo en el que puedes dar rienda suelta a la imaginación y explorar los própios límites, siempre dentro del concepto del artista y respetando su estética.
A simple vista puede parecer fácil la realización de los elementos que componen la publicidad de una exposición: (catálogos, banderolas, invitaciones...) pero en realidad, no se trata de la repetición de un elemento atractivo de forma más o menos estética, sino de que tu trabajo sirva como puente para llegar más rápido al espectador. Para mi, lo más complicado es que se muestre el trabajo del artista lo mejor posible, tienes que ser su altavoz. Por eso hay que reunirse con los artistas o con el comisario de la exposición, para que te aclaren bien los diferentes aspectos de su obra, lo que quieren transmitir, gustos, preferencias, etc. También resulta de utilidad, la lectura de los textos que componen el catálogo, pues la visión de los críticos que escriben suele abrirte otros puntos de vista de la obra que quizá en un primer momento no habías contemplado.
Una vez que tienes claro el concepto queda reflejarlo en el diseño, elegir el papel, las tintas, si llevará efectos especiales, el formato, la encuadernación y un sinfín de detalles que hacen que cuando llegues a tenerlo en las manos te parezca algo único.
En el caso de la exposición "Multiverso, Más allá del silencio" celebrada en el Museo de Bellas Artes de Murcia, se exponía la obra de dos artistas; José Carlos Ñiguez y Enrique Navarro Carretero. El primero es fotógrafo y el segundo pintor, ambos comparten la abstracción como forma de expresión, pero en dos lenguajes diferentes aunque consiguiendo efectos similares. El reto del catálogo estaba en mostrar a cada uno individualmente, pero de forma conjunta. Decidí realizar dos catálogos similares que formaran parte del mismo "universo" y que tuviesen la misma estética. El nexo de los dos era una camisa que los contuviese.
Cada artista tendría su catálogo individual, pero al mismo tiempo, al poner ambos catálogos juntos, uno encima del otro y verlos de forma conjunta, reflejarían el concepto de multiversalidad que querían expresar los artistas con su obra.
En primer lugar, debo decir como amante del arte, me encanta que me lleguen encargos de catálogos de exposiciones. Es un mundo en el que puedes dar rienda suelta a la imaginación y explorar los própios límites, siempre dentro del concepto del artista y respetando su estética.
A simple vista puede parecer fácil la realización de los elementos que componen la publicidad de una exposición: (catálogos, banderolas, invitaciones...) pero en realidad, no se trata de la repetición de un elemento atractivo de forma más o menos estética, sino de que tu trabajo sirva como puente para llegar más rápido al espectador. Para mi, lo más complicado es que se muestre el trabajo del artista lo mejor posible, tienes que ser su altavoz. Por eso hay que reunirse con los artistas o con el comisario de la exposición, para que te aclaren bien los diferentes aspectos de su obra, lo que quieren transmitir, gustos, preferencias, etc. También resulta de utilidad, la lectura de los textos que componen el catálogo, pues la visión de los críticos que escriben suele abrirte otros puntos de vista de la obra que quizá en un primer momento no habías contemplado.
Una vez que tienes claro el concepto queda reflejarlo en el diseño, elegir el papel, las tintas, si llevará efectos especiales, el formato, la encuadernación y un sinfín de detalles que hacen que cuando llegues a tenerlo en las manos te parezca algo único.
En el caso de la exposición "Multiverso, Más allá del silencio" celebrada en el Museo de Bellas Artes de Murcia, se exponía la obra de dos artistas; José Carlos Ñiguez y Enrique Navarro Carretero. El primero es fotógrafo y el segundo pintor, ambos comparten la abstracción como forma de expresión, pero en dos lenguajes diferentes aunque consiguiendo efectos similares. El reto del catálogo estaba en mostrar a cada uno individualmente, pero de forma conjunta. Decidí realizar dos catálogos similares que formaran parte del mismo "universo" y que tuviesen la misma estética. El nexo de los dos era una camisa que los contuviese.
Cada artista tendría su catálogo individual, pero al mismo tiempo, al poner ambos catálogos juntos, uno encima del otro y verlos de forma conjunta, reflejarían el concepto de multiversalidad que querían expresar los artistas con su obra.
martes, 3 de mayo de 2016
Hace tanto tiempo...
Pues sí, si que hace tiempo que no me pasaba por aquí, ni me sentaba a escribir un rato. He estado algo ocupada con varios trabajos que requerían mi atención más inmediata. Entre otras cosas me he casado, y eso es algo que requiere una atención especial. Pero no voy a enrollarme mucho más, os voy a mostrar lo que he ido haciendo poco a poco durante estas semanas.
Una de las cosas que he estado haciendo ha sido aprender a hacer Epub. El año pasado por estas fechas más o menos, me llegó el encargo de realizar el diseño de una colección de poesía para libros electrónicos, logotipo de colección, cubierta e interior. Para mi, era un gran reto personal, ya que yo no había diseñado nunca un libro electrónico, así que tuve que echarle muchas horas y mucha paciencia. Y después de muchos tropezones, finalmente, este fue el resultado.
En cuanto a trabajo editorial, éstos dos fueron los primeros retos con los que me encontré. Sin embargo, no han sido los únicos.
Una de las cosas que he estado haciendo ha sido aprender a hacer Epub. El año pasado por estas fechas más o menos, me llegó el encargo de realizar el diseño de una colección de poesía para libros electrónicos, logotipo de colección, cubierta e interior. Para mi, era un gran reto personal, ya que yo no había diseñado nunca un libro electrónico, así que tuve que echarle muchas horas y mucha paciencia. Y después de muchos tropezones, finalmente, este fue el resultado.
Poco tiempo después recibí el encargo de otro libro electrónico, no era la misma colección exactamente, ya que ésta se trataba de cuentos cortos para niños con una rima ligera. La dificultad estaba en que, esta vez, la autora había pedido que se incluyesen las ilustraciones que habían realizado para una edición anterior. La ilustradora que llevó a cabo el trabajo, lo había realizado pensando en otro tipo de formato, por lo que en función del soporte que el lector usase, la visualización del libro sería de una u otra manera. De nuevo, paciencia y mucho trabajo. Pero al final, conseguí adaptar el libro al nuevo formato.
En cuanto a trabajo editorial, éstos dos fueron los primeros retos con los que me encontré. Sin embargo, no han sido los únicos.
domingo, 3 de mayo de 2015
Museos de Papel
Si hace unos días os contaba que estoy retomando los pinceles, hoy os cuento que, con el último trabajo que he hecho, he tenido la oportunidad de volver a algunas actividades de clase. Cuando era estudiante, en una ocasión, tuve que realizar un trabajo recortando papel. No siempre es necesario usar un lápiz. Con un cutter, cola y papel de varios colores se pueden hacer todo tipo de cosas que vengan a la cabeza.
Si queréis ver cómo quedó finalmente el trabajo, lo podéis ver aquí.
Recibí un encargo para realizar un folleto de los talleres escolares que se van a realizar este mes en Murcia con motivo del Día Internacional del Museo. Tras darle muchas vueltas, pensé que quizá no sería mala idea, para hacer algo acorde con el carácter escolar de las actividades y para hacer algo diferente a lo que normalmente se hace en este tipo de folletos, fabricar las salas de los museos recortando papel. Así que durante varias tardes, comencé a construir esos museos. Regla, lápiz, papel, cola, tijeras, cutter...
Es cierto que tuve dudas de cómo funcionaría. No tenía mucho tiempo para elaborar unas construcciones más complicadas y haciendo autocrítica, ahora lo hubiera hecho de otra manera. Pero viendo las fotos, me doy cuenta de que fueron una buena solución.
Si queréis ver cómo quedó finalmente el trabajo, lo podéis ver aquí.
viernes, 1 de mayo de 2015
Retomando Los Pinceles
No tengo muchas oportunidades de coger los pinceles últimamente. En los últimos trabajos que he hecho, me he esforzado por cambiar esta costumbre. Sin embargo, no es nada fácil. A veces, la inseguridad de realizar algo nuevo o algo que tenemos un poco abandonado, hace que no nos atrevamos a sacar lo que hay en nuestro interior. Perdemos muchas ocasiones para desarrollar habilidades que por desuso, al final, acaban por abandonarnos. Antes de pasar por la facultad, estudié ilustración. Y eso es lo que
soy: una ilustradora. Sin embargo, más allá de las clases de pintura
que doy, no tengo mucha oportunidad de dibujar o pintar. Así que me
puse, como propósito para este año, cuando saliera la oportunidad de
poder hacerlo, tomar los pinceles, lápices y papel para volver a lo que
siempre fui.
Recibí un encargo de maquetar y hacer la portada de un libro de poesía. El libro, en formato electrónico, inauguraba una nueva colección (para la que también he hecho el logo) de la editorial para la que trabajo. Así que, pensando que todo debía ser nuevo, me puse manos a la obra y cogí los pinceles otra vez.
Luego, un poco de ordenador para encajar las piezas y aquí tenéis el resultado.
Recibí un encargo de maquetar y hacer la portada de un libro de poesía. El libro, en formato electrónico, inauguraba una nueva colección (para la que también he hecho el logo) de la editorial para la que trabajo. Así que, pensando que todo debía ser nuevo, me puse manos a la obra y cogí los pinceles otra vez.
Luego, un poco de ordenador para encajar las piezas y aquí tenéis el resultado.
sábado, 18 de abril de 2015
El Día del Libro
Se acerca el día del libro y muchos de los libros en los que he tenido oportunidad de trabajar se han publicado ya en Tres Fronteras Ediciones. Aquí os presento los diseños que he realizado para sus portadas, incluyendo la de El Mundo de Pandora, a partir de una ilustración del autor.
También, después de muchísimos meses, ha visto la luz la novela Lisdea de Pedro Alberto Cruz Fernández. En esta ocasión, también tuve la oportunidad de hacer el diseño de la portada.
Por ahora, éstas son las novedades. Algunas ya las habíais visto. En los próximos días os contaré más cosas en las que he estado metida. Estad antentos.
También, después de muchísimos meses, ha visto la luz la novela Lisdea de Pedro Alberto Cruz Fernández. En esta ocasión, también tuve la oportunidad de hacer el diseño de la portada.
Por ahora, éstas son las novedades. Algunas ya las habíais visto. En los próximos días os contaré más cosas en las que he estado metida. Estad antentos.
martes, 2 de diciembre de 2014
Que Viene el Lobo
Sigo haciendo, entre otros encargos, portadas para libros. La última ha sido para Cuentos de Licántropos que publicará Tres Fronteras Ediciones.
Ya comenté en otra entrada cómo me enfrenté a la tarea de realizar la portada de un libro, también de esta editorial, sobre cuentos clásicos de muertos vivientes. En aquella ocasión, se trataba de encontrar una imagen que pudiera servir para una narración de carácter clásico entre la gran cantidad de imágenes sobre el tema que actualmente hay y que representan al mito del zombi con un aspecto muy de ahora. Sin embargo, para este trabajo, me topé con el caso contrario. Mi intención era salirme de la imagen de hombres lobo y licántropos que todos tenemos en nuestro imaginario. Pero a veces, en este tipo de encargos, lo más difícil no es encontrar una imagen original sino ver como original una que ya tenemos delante de nuestros ojos.
Huyendo de nieblas, bosques a la luz de la luna llena, garras y mandíbulas, la primera idea que tuve fue la de trabajar en un diseño basado en las ediciones del siglo XIX. La idea era mostrar al lobo en la portada y en la contraportada, al hombre a partir del cual había tomado su forma (que como guiño, es uno de los autores que aparecen en el libro, el capitán Frederick Marryat). Esta dualidad se puede ver en muchas novelas decimonónicas como, por ejemplo, Dr Jekyll y Mr Hide.
Fue la primera propuesta que presenté, pero poco a poco, aunque no renuncié a ella (de hecho, creo que es una buena idea a la que regresar para otros encargos que he tenido), me di cuenta de que todas esas imágenes que asociamos con el lobo y todos los relatos fantásticos que lo envuelven debían estar presentes. A pesar de ser un mito bastante antiguo, se trata de un mito que sentimos bastante cerca porque su imagen siempre nos ha acompañado. Es un miedo de la niñez, de los cuentos que nos han contado. Incluso se podría decir que, al contrario que con otros monstruos, es un miedo que muerde. Así que tomé los lápices y el resto de la semana la dediqué a trabajar en esos miedos que serían la base de la portada. Miedos que fueran reconocibles. Miedos que nos hicieran recordar de nuevo esos "Que viene el lobo" que se oían en el cuento.
Al final, ésta fue la propuesta que se quedó el cliente. Imagen clásica dentro de este tipo de literatura, pero imagen que, como todos tenemos cercana, no será difícil que llame la atención en un escaparate.
Ya comenté en otra entrada cómo me enfrenté a la tarea de realizar la portada de un libro, también de esta editorial, sobre cuentos clásicos de muertos vivientes. En aquella ocasión, se trataba de encontrar una imagen que pudiera servir para una narración de carácter clásico entre la gran cantidad de imágenes sobre el tema que actualmente hay y que representan al mito del zombi con un aspecto muy de ahora. Sin embargo, para este trabajo, me topé con el caso contrario. Mi intención era salirme de la imagen de hombres lobo y licántropos que todos tenemos en nuestro imaginario. Pero a veces, en este tipo de encargos, lo más difícil no es encontrar una imagen original sino ver como original una que ya tenemos delante de nuestros ojos.
Huyendo de nieblas, bosques a la luz de la luna llena, garras y mandíbulas, la primera idea que tuve fue la de trabajar en un diseño basado en las ediciones del siglo XIX. La idea era mostrar al lobo en la portada y en la contraportada, al hombre a partir del cual había tomado su forma (que como guiño, es uno de los autores que aparecen en el libro, el capitán Frederick Marryat). Esta dualidad se puede ver en muchas novelas decimonónicas como, por ejemplo, Dr Jekyll y Mr Hide.
Fue la primera propuesta que presenté, pero poco a poco, aunque no renuncié a ella (de hecho, creo que es una buena idea a la que regresar para otros encargos que he tenido), me di cuenta de que todas esas imágenes que asociamos con el lobo y todos los relatos fantásticos que lo envuelven debían estar presentes. A pesar de ser un mito bastante antiguo, se trata de un mito que sentimos bastante cerca porque su imagen siempre nos ha acompañado. Es un miedo de la niñez, de los cuentos que nos han contado. Incluso se podría decir que, al contrario que con otros monstruos, es un miedo que muerde. Así que tomé los lápices y el resto de la semana la dediqué a trabajar en esos miedos que serían la base de la portada. Miedos que fueran reconocibles. Miedos que nos hicieran recordar de nuevo esos "Que viene el lobo" que se oían en el cuento.
Al final, ésta fue la propuesta que se quedó el cliente. Imagen clásica dentro de este tipo de literatura, pero imagen que, como todos tenemos cercana, no será difícil que llame la atención en un escaparate.
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